martes, 20 de octubre de 2009

Des muses... je les déteste

Esperando la lluvia en esta sequía mental. En este Sahara de inspiración. Incapaz de criar ni una sola idea. ¿Qué es lo que me pasa? Tengo que forzar las palabras. Algo las asustó, que escaparon a las ramas de mi ciruelo (a las más altas) y no quieren volver a bajar, por más que se los ruegue.

Comenzando a extrañar el poder de crear. Al parecer Dios se enojó con los artistas por intentar ponerse a su nivel, y raptó a todas las musas del mundo. Qué dios más egoísta. Por eso no creo en él. Aguante Darwin, carajo.

Yirando por mi propia cabeza, que parece un pueblo abandonado. Falta, como en los westerns yanquis, la bola rodante esa de nosequé. Nosequé. Bah, genial. Ahora también hasta las palabras se fugan. Dicen que con tanto desempleo hay que emigrar a otra cabeza. Pero la puta que las parió, palabras.

Suspirando, frustrándome, sufriendo. Pero un poco nada más, como siempre. Por suerte aún tengo la inocencia de nunca haber sufrido de verdad y sin recompensa karmática después. Pero es que odio cuando las musas me juegan al Pictionary y dibujan mamarrachos inservibles en las pizarras en blanco de mi cabeza. Lo único que logran es llenar el tacho de basura con bollos de papel.

Resignándome. Listo, ya está. ¿Para qué seguir intentando si verdaderamente no me sale hacerme la inspirada? ¿Actuar de Neruda? No, no puedo. A lo sumo me exprimo alguna conclusión, metáfora o expresión interesante, pero ninguna genialidad. Y bueno, a lo mejor no nací para las palabras. Qué se yo.

1 flores brotaron del ciruelo:

  1. yo creo que sí naciste para las palabras. pero no te preocupes, mis musas se fueron por casi seis meses y de golpe aparecieron a hacer imposible el concentrarme en nada que no sea las ideas que ellas susurran en mi oído. son histéricas, infieles y traicioneras, pero cuando están saben amar. y es imposible no amarlas.

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