Está bien, lo admito, me equivoqué. Dije algunas cosas que no tendría que haber dicho.
Pero tampoco me hagas sentir como que toda la culpa es mía, porque me hace muy mal y no me lo merezco. Este silencio por parte tuya es muy cruel. Lo peor es que sé que no te vas a arrepentir. Porque no estás acostumbrado a hacerlo. Porque las discusiones siempre son mi culpa y soy yo siempre la que se lleva la peor parte, la de sentirse una mierda y pedir perdón hasta que duela. Y me molesta, la verdad es que me molesta porque todo comenzó por tus celos. ¿Y qué esperabas, que reaccionara bien, que reaccionara sin angustia, como si todo estuviese perfecto? Porque no tenes por qué estar celoso y lo sabés bien. Además ya te dije mil veces mis argumentos, mi lógica ya te la expliqué; pero a vos no te sirve. Bueno, entonces cedo a tus pedidos. De mala gana, lo admito, pero cedo. Y vos ahora me das vuelta la tortilla: me decís que no, que ya está, que te la bancás. Tenés ganas de martirizarte. No me gusta que sufras por algo evitable (sí, por más que me encante, es total y completamente evitable. Y sí, también soy conciente de que lo dije de mala manera, ¿qué querés? si estaba renunciando a algo que me gusta), por algo que puedo hablar con otros, y te digo que no te hagas problema. Pero vos insistís. Me enojo un poco, te digo que se me fueron las ganas de contarte. Y vos me respondés (¿cómo era?):
"Bueno. No sé mi amor, hacé como te parezca".
Lo aceptás. Aceptás así como si nada que me haya rendido. Porque no lo había dicho para herirte. No, espero que esa... adicción a hacerte mierda constantemente se haya ido. Lo que hice fue bajar los brazos. ¿Qué más, sino, es perder las ganas de algo? Pero esa sensación de que a vos no te haya afectado en lo más mínimo... dolió. Me lastimó. Y por ahí no fue tu intención, pero bueno. No voy a pedir perdón, porque lo que dijiste no se podía interpretar de otra manera.
Después, vino esa reacción típica de mí. Cuando me lastiman, mi manera de lamerme las heridas es decir cosas hirientes. Te dije..., no sé qué te dije. Pero sé que no lo decía en serio. O que no volvería a decírtelo sin estar enojada. Vos me respondiste algo que no tenía nada que ver pero que seguramente te querías sacar del pecho. Y la remataste con una de esas frases que me quieren hacer saber que te hice mal. Que te podrías haber ahorrado perfectamente (pero no te lo voy a reprochar porque yo también lo hago de vez en cuando). Ahora que lo pienso, me da mucha bronca. Vos me hiciste mierda de a poco durante toda la discusión (no siempre es adorable que te pongas celoso, sobre todo cuando lo llevás a tales extremos), pero yo por un solo comentario, ¿estoy condenada al infierno? ¿estoy condenada a tu silencio? Porque creeme, tus silencios duelen más que nada.
Tuve la madurez como para darme cuenta rápido de que me había portado mal. Me tragué el orgullo sin hacer muecas de asco. Fui simpática de nuevo. La corté por las buenas, con palabras que a mí me parecieron suaves, pedí perdón por mis errores. Hasta me parece que pedí perdón demasiado. Y me quedé esperando a que vos lo hicieras, pero nada. Incluso me gané un par de comentarios que parecían estar destinados a intentar hacerme sentir más culpable. Me confundí bastante, la discusión había sido bastante liviana en comparación a las que solemos tener. Te pregunté si querías que te dejara solo. Me dijiste que sí. Y ahora me da la sensación de que estoy en una penitencia injusta, como si en realidad lo que vos habías querido hacer no era estar solo, sino dejarme sola a mí. Para que pudiera pensar en lo que había hecho. Porque vos no estás solo. Estás con tu amigo. Y sabés que, en cambio, mi única compañía es un libro. Un libro del que me sacaste las ganas de leer.
Sí, ya sé que vas a leer esto. No lo escribí para intentar provocarte algo. El perdón que me puedas llegar a pedir después de esto no me va a servir. Me va a saber a compromiso. Sólo necesitaba sacármelo del pecho.
lunes, 12 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 flores brotaron del ciruelo:
Publicar un comentario en la entrada